[18.1.06]

Lívido y tímido te escapas de mis adentros
Como una fina niebla en el crepúsculo del amanecer, te vas de mí sin despedirte, pero dejando el intenso recuerdo de la más ardiente verdad. Siempre te marchitas entre mis dedos, pero nunca me quemas suficientemente dentro.
Te miro y te deseo, te huelo y te ansío, te tengo, y aunque lo creo, no confío en mis sentidos, desespero de mis percepciones estereotipadas, pero se afianza mi creencia en la bondad de tus jirones deshilachados, en su callada elegancia, en su discreta quietud.
Ahora que nuestro idilio, amor prohibido es, ahora, que el más difícil todavía se hace consuetudinario, me veo obligado a desearte en silencio, a añorar tu aroma acariciando mis labios. Prometo no olvidarte, pero prefiero no recordarte. Ahora todo acabó.
[Juan Benítez] _____________________________________________________________
[17.1.06]
Esta luz nunca se apagará
Así rezaba la canción que nunca ha sido plegaria en un templo cristiano. Lema de vida y muerte para otros tantos que no acuden a la religión para mullir su almohada. Lámparas y velas que nos conducen, y a su vez sombras arrojan al vacío gélido de la noche.
Desde aquí, otra forma de verlo, otra manera de expresarlo, otro vehículo que conducir, otro barco que patronear sin rumbo, pero que dirigir hacia algún puerto. Ahora, que no se ven las estrellas comienza otra realidad.
La dualidad que rige esta virtualidad se convierte en hilo conductor para el laberinto del Minotauro. Ahora sí, y de nuevo aquí, la reflexión se escribe al claroscuro y juega caprichosa entre los rincones y los píxeles de auténtica revelación que se enciende al paso del cursor.
Otro día, otro lugar, otras letras, la misma verdad.
[Juan Benítez] _____________________________________________________________