[23.2.06]
Te alejas... seguro que bien cerca, pero se desvanecen tu voz, tus letras, el verde de tu mirar y tus deditos curiosos.
Unos días que parecen semanas cuando aguardo la llegada impetuosa de una frase, y unas horas que duran segundos cuando espero que por la ventana salga tu sol.
Sólo suspiros, como esos de mujer que añoro cerca del pecho, como las gaviotas que se cuelgan de tus párpados cuando tus lágrimas limpian mi corazón.
Varios días de luto para la poesía y subsidio para la pesarosa pluma que intenta dibujar tu rostro, siempre tan incapaz para amarrar tu presencia al papel.
[Juan Benítez] _____________________________________________________________
[21.2.06]

Definitivamente, hoy no es un buen día.
He vuelto a sentir esas ganas
que tú bien conoces y a nadie cuentas.
Otra vez me asaltan cual duda,
pero no titubean y me dicen que no.
Mas sí, menos preocupaciones
por lo que puede ser importante,
necesario o relevante en este momento
para ti o para mí.
Otra frase sin contestar
y silencio blanco en la celulosa digital.
De nuevo abrir la ventana, ver ese rostro
y llorar por la belleza callada.
Hoy, que no parece ser un buen día,
debo seguir pensando en las hadas,
pero da la impresión de que ahora
una de ellas dejó de creer en estas manos.
[Juan Benítez] _____________________________________________________________
[10.2.06]

Quedar mudo de gestos por la afonía de tus manos. Articular pulsos electromagnéticos sin mirar, forjar una frase certera con el disfraz casual de la ansiedad desaforada y un instante eterno para enmarcar ese error.
Odio ese engendro sin cara que pone tu voz, que no me entiende, que no me escucha, que sólo miente entre tu boca y la mía, tan cerca y a la vez tan lejos como para poder unir nuestros vehementes labios, cuyo deseo auténtico no es hablar.
Buscaba sirenas como tú. Eché redes telemáticas al mar por ver si se cumplía el sueño eléctrico y ecléctico que se sustenta en tu rostro, en tus ojos, en tus manos, en tus senos, en tu fuero más interno y personal del que quiero probar bocado.
Sin mapa, sin ropa, sin cobijo, sin más... Así remiendo mi trasmallo, quiero pescar en la llanura de tu vientre, ese que tan bello es al tacto, ese que tan sensual es al oído cuando mis manos sobrevuelan bien bajo su espacio aéreo.
No se abre el paracaídas, otra vez impacto violentamente con la realidad de una conversación sin faz, sin la entonación de tu mirada, sin la acentuación de tus manos, sin el batir de tus pestañas...
De nuevo soledad de ondas y cables, tu espectro electromagnético, tu alma silente y ausente, de pronunciadas e imaginadas curvas, de desesperación asexuada y timbre de voz polifónico. Nunca hubo lugar para escucharte tras oírte.
[Juan Benítez] _____________________________________________________________
[7.2.06]
Como una escalera hacia el balcón...
Como ese instante de inseguridad al subir el primer peldaño, como la reflexión severa de seguir ascendiendo. Así, solo y sólo así, se ha escrito esta frase.
Un giro de cabeza para mirar el reloj, contrario a sus agujas, pero paralelo a su paso, contiguo a su avance y verdugo ante el retraso en la repetición del cursor. De esta manera, cae otro hilván de letras.
Tus ojos amanecieron en una tarde retardada de desidia. Mis dedos quisieron nublar tu entendimiento para acariciar tu vista, no sé si lo logré, pero edité el más intenso de los momentos virtuales para no olvidarlo.
No te olvidé, y no quisiera recordarte. No dije adiós, no quiero despedirme nunca de ti. No dije no para poder decir sí. Grité tres veces en blanco para enredarme con el negro de tu pelo. Busque en la telaraña de tus pestañas. Soñé con quedar enredado.
[Juan Benítez] _____________________________________________________________