La memoria de Alfonsina Storni queda completamente huérfana

De izda. a dcha. Mercedes Sosa, Félix Luna y Ariel Ramírez

Para mucha gente Alfonsina Storni es casi desconocida. La poesía no está de moda o como dirían Golpes Bajos, “malos tiempos para la lírica”, y sólo una canción que viene y va, pero nunca desaparece, hace las veces de improvisado epitafio para la poetisa argentina. Sí, ese tema es “Alfonsina y el mar”.

Hace menos de un año, “Alfonsina y el mar” perdió a su voz más preciada, Mercedes Sosa, que fue quien proclamó ese mensaje de honra fúnebre, posiblemente con más gusto, elegancia y “sufrimiento”. La Voz de América se calló para siempre el pasado cuatro de octubre de 2009. Ella era la “madre” de esa memoria de la poetisa nacida en Suiza pero de corazón argentino.

Esta pasada semana, concretamente el 18 de febrero, dejaba de existir la mano inquieta que tejió a piano la zamba doliente más popular fuera de las fronteras argentinas: Ariel Ramírez.  El creador de la Misa Criolla fallecía por una complicada neumonía que marcó los últimos compases cansinos de su adorada zamba, la de una vida dedicada a la música tradicional argentina.

En este caso Ariel Ramírez, aunque sea el protagonista del post por la luctuosa actualidad, compartía paternidad sobre la memoria de Alfonsina Storni. Y es que “Alfonsina y el mar” llevaba la letra del polifacético personaje y poeta Félix Luna, que murió aproximadamente un mes después de desaparecer “La Negra” Sosa.

Es decir, ese tributo tiene dos padres, que vistieron a la canción de letra y música, y a una madre maestra que le dio el acento, Mercedes Sosa.

!Qué mejor forma de resucitar a una poetisa que con poesía y música¡

“Alfonsina y el mar” se lanzó en 1969, dentro de un disco titulado “Mujeres Argentinas”, firmado por este inigualable trío que, en cuestión de cuatro meses, se han dado la mano de nuevo para entrar juntos en el océano donde Storni les aguarda.

No sé si esto es un homenaje, un simple recuerdo o la sensación de soledad que deja encontrarse varado en la orilla, después de observar como el mar engulle a esas personas que pueden tocarte el corazón con sus manos.

Sea como fuere, ya están juntos… El océano del tiempo pudo con ellos… La metáfora del río… Que siempre acaba en el mar.

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